miércoles, 14 de octubre de 2015

# Ni Una Menos



De niñas nos enseñaron que de nuestro sueño profundo despertaríamos cuando un príncipe azul se abriera paso en medio de la maleza para llegar hasta la urna de cristal y devolvernos a la vida con un dulce y tímido beso.



Generalmente las historias de amor para nosotras empiezan cuando vemos  en un simple e imperfecto mortal cualidades de príncipe que solo existen en cuentos de hadas y que distan significativamente de una realidad que nos demuestra que existen hombres cuya perversidad no tiene límites,  dañados y atravesados algunos por una historia de vida que los hace seres violentos, convierten a la mujer en blanco de sus odios, miedos , miserias y bajezas; la involucran en un macabro juego  de amor/ odio, promesas rotas, ofensas y arrepentimientos . Algunas veces la juegan de verdugos, otras de víctimas y justifican sus agresiones culpando a la mujer,  mueven las fichas de tal forma  que al final de la partida la mujer pasa de victima a victimaria,  porque según la visión del violento ella provoca su ira, lo cual  a hace merecedora del maltrato verbal y /o físico.

Queridas amigas si están en medio de una relación donde impere la violencia, tengan en cuenta que bajo ningún punto de vista podemos justificarla, ningún hombre indistintamente de su condición socioeconómica, de su historia de vida y de sus problemas laborales o personales, está habilitado para maltratarnos ni verbal ni físicamente y ninguna de nosotras tiene un llamado divino para redimir a un violento con la falsa creencia que podemos cambiarlo con amor. Es posible que pueda cambiar pero eso requiere la  intervención de profesionales idóneos y absoluta disposición del  hombre en  cuestión. No tenemos que ponerle el alma y el cuerpo para que nos lastime y exorcice sus demonios sobre nuestra piel, no podemos permitirle a un otro dañado y enfermo que nos contamine con sus miserias; si quiere y necesita ayuda le recomendamos un terapeuta y que siga su camino.

Muchas de las que dieron segundas y terceras oportunidades después de un insulto seguido de uno y otro golpe, hoy no están  para contarla.

No necesitamos del beso de un príncipe para despertar, no nacimos para morir de amor, nacimos para vivir en el amor, merecemos respeto buen trato, hombres reales con valores y principios que deseen acompañarnos y dejarnos ser.

Muchas de nuestras mujeres se durmieron para siempre y no precisamente en una urna de cristal, tristemente lo hicieron sobre charcos de sangre con el cuerpo maltrecho, agonizando mientras se extinguía su sueño dorado de transformar al verdugo en príncipe azul.

Por ellas, las que duermen para siempre, despertemos nosotras.

NI UNA MENOS 


Paula Torregroza Pérez

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