lunes, 12 de octubre de 2015

Hombres de negocios

Literatura:

Hombres de negocios

Tomás se levanta a las seis en punto de la mañana. Desayuna fuerte, es de los que cree que un buen almuerzo es la mejor forma de comenzar el día. Luego, se deja llevar. Lola le lava y le plancha la ropa que ha de ponerse. Él adora ese olor a suavizante de vainilla que desprende cada una de sus camisetas blancas interiores.


Ese lunes, sin embargo, siente algo de angustia. El cinturón del coche le aprieta demasiado y tiene mucho calor. Se tortura pensando que ahora debe esperar todo el trayecto para sentir un poco de aire fresco en su cara. Es una tontería pero además no puede evitar pensar en los asientos acolchados que tiene su hermano Paco. El sudor le incomoda y le entran ganas de llorar.


— ¿Por qué pones esa casa?, ¿estás triste? —dice ella mirándole fijamente.


Cuando él no contesta, Lola adopta su cruel costumbre de limpiarle la comisura de sus labios con un dedo mojado en saliva. A Tomás siempre le ha dado asco pero más allá de la expresividad de su cara nunca ha sido capaz de decirlo en alto. En cierta manera, aunque ama a Lola, le da un poco de miedo.

Los atascos cada día son más aburridos y en la radio no suena ninguna canción que le guste. Sigue en silencio y pierde la noción de cuánto tiempo ha pasado. Quizá ya es martes y vuelve a estar encerrado entre esas cuatros paredes. Los papeles se le amontonan en una mesa que cada día le parece más pequeña. Si él no fuera hoy, quizá nadie se daría cuenta. Salvo Marta, Tomás sabe que ella sí que le echaría de menos. La encuentra preciosa. Le encanta el pelo rizado y sus camisas de flores. Disfruta oyendo sus órdenes y quejas. Dice que no se esfuerza lo suficiente. Y no es cierto, Tomás pone toda su atención en aquellos pliegos. Así lo publicará la EPA del mes que viene, donde constará un nuevo afiliado a la seguridad social. Sin ni siquiera pedirlo, alguien, ni Lola ni Marta lo saben, le entregó el número 392.325.026.054. A Tomás la cifra no le importa demasiado. De vuelta a casa, cae prácticamente rendido en el coche. Lola le acuesta y le pone el chupete*.


Nota del autor:
*Basado en una historia real. Tomás, Lola, Marta y Paco son nombres ficticios.


Carmen Estirado

Escritora y periodista. Viajera. Curiosa. Licenciada en Derecho y Periodismo. Máster de narrativa en la Escuela de Escritores de Madrid. Amante de la fotografía y del color morado. Su primera novela Las llaves de casa (Ediciones Atlantis) fue galardonada con el premio mejor novela urbana por la V Edición de los Premios La Isla de las Letras. Colaboradora en distintas antologías y revistas literarias. 


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