viernes, 9 de octubre de 2015

¿Hijos nuestros o hijos del rigor?



¿Hijos nuestros o hijos del rigor?
Sobre la “inercia cultural” de los argentinos

Por el Lic. Nicolás Milanesi para Será Justicia. Lorena Maciel



http://www.serajusticia.net/2015/07/ley-polemica-ninos-hasta-12-anos.html


https://www.scribd.com/fullscreen/271586003?access_key=key-V1ymZOiJNbvLx4cWGKc5&allow_share=true&escape=false&view_mode=scroll


Menos del 30% de los argentinos protegemos a nuestros hijos con sillitas o “huevitos” en el asiento trasero del auto.[1] Ante esta situación el Diputado Claudio Palmeyro de la Legislatura de la ciudad de Buenos Aires propuso una Ley que dispone que los menores de 12 años deben sentarse en esos dispositivos de seguridad llamados Sistema de Retención Infantil (SRI)… pero, ya comenzaron las resistencias a la implementación de la misma por parte de los porteños.

Las excusas versan sobre una gama bastante corta: principalmente el costo monetario del dispositivo, la confusión derivada de la heterogeneidad en la homologación de las certificaciones, la supuesta irracionalidad de la norma, entre otras, que -en conjunto- se caracterizan por ser previas a una lectura completa de la situación. Son, diríamos, excusas de resistencia al cambio por inercia. Somos conservadores, queremos que las cosas se hagan como siempre se hicieron.

No sólo es claro que la vida no tiene precio, que no hay excusa que valga frente a la seguridad, sino también que ¡los datos están allí afuera! Si hacemos una especie de benchmarking con otros países encontramos que en la Unión Europea y en Norteamérica ya hay amplia aceptación de la normativa. Se cuenta asimismo con una campaña global de la ONU, y, por ejemplo, con estadísticas internacionales que prueban que el riesgo de lesiones se reduce 75% al usar las “sillitas”.

Hagamos sociología: la resistencia a la implementación de la norma es cultural, el argentino “cancherea”, del mismo modo que sucede con los propios trabajadores en las empresas, que son los primeros en resistir la aplicación de los standares de Seguridad e Higiene. No estamos acostumbrados a exigir una mejor calidad de vida de manera voluntaria y libre sino a cumplimentar las normas solamente cuando se nos exigen a nosotros. En lugar de entender que los deberes que tenemos complementan nuestros derechos, y mejoran nuestra calidad de vida colectiva, los interpretamos como obligaciones o cargas… Desde una lectura piagetiana, somos un país adolescente: funcionamos más desde una lógica propia de la Justicia Retributiva (egoísta) que de la Justicia Distributiva (altruista y social).

En lugar de cuidar a nuestros hijos somos “hijos del rigor”, y por eso la norma es prescriptiva, más allá de concientizar, implica una multa para quien incumpla. Busca modificar nuestra conducta estableciendo una sanción, si bien, según las reformulaciones del Diputado Palmeyro, la ley apunta más ahora a la concientización que a la sanción económica, es dable según lo que se sondea en la calle que la adhesión a usar “el huevito” en el auto en Capital Federal venga menos de la mano del cuidado de sí y de los demás que del temor a ser sancionado.

Vivimos en una sociedad inmadura, con cultura adolescente y cortoplacista. Eso está instalado de raíz en cada uno de nosotros. Será cuestión de fertilizarnos un poco con ese amor propio que presupone cuidar a la comunidad, comenzando por los únicos privilegiados: los niños.


[1] La ONG “Mamás y Niños seguros” muestra estadísticas 15.000 casos en distintos puntos del país para menores de 5 años: Menos de un 30% de los casos usa SRI, hay una propensión en ciudades con mayor cantidad de habitantes a proteger más a los niños, son las mujeres las que más tienden a usar SRI para sus chicos.

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